Brokers

Bio

Era una tarde aburrida. Los viejos sueños parecían haberse ido al garete y California era ahora gris y ya no verde, rosa o azul. Apeada en un rincón la guitarra parecía girarse hacia la pared haciéndonos sentir una vergüenza mutua que evitaba alcanzar un cruce de miradas. Había sido el último intento, la última ocasión de convertir un escudo de calle en algo medianamente mediático, y se había esfumado. Apeados en un patio de casa el último reducto de lo que antaño fuese Brokers 21 hacía un último gabinete de crisis en pos de tratar de sacar algo en claro, mientras aspirantes a las nuevas vacantes causadas pasaban con más pena que gloria por el improvisado puesto de pruebas y ensayos. Fede agachaba la cabeza tras la mesa, a medio esfuerzo por no soltar esa última carcajada, irónica, que sentenciase al último aspirante de a tarde. Cano, por su parte, suspiraba de forma clara dejando entrever su posición de forma abierta mientras Juanjo, tocando la rítmica para dar algo de melodía a las pruebas, dibujaba con su mueca un imperioso deseo de acabar. Eran los últimos supervivientes de la enésima escisión del grupo. Eran los últimos, y al fin y al cabo, los de siempre. Al acabar el día nadie quiso decirlo, pero a falta de componentes el grupo se caía y todos los procesos comenzaban a venirse abajo. Ya no quedaban fuerzas para seguir buscando, y daba la sensación que en toda la ciudad malacitana no habría pieza conocida que terminase por encajar en aquel desvaído puzle musical. Harto de buscar en todos y en ningún sitio a la vez, Juanjo había salido de fiesta para olvidar aquella desastrosa audición, mientras la noche de bares malagueños parecía reírse en su cara, mostrando todo un sinfín de formaciones que se hacían dueñas de los garitos más populares de la noche. Sus amigos reían, fumaban y bebían, y a riesgo de quedarse excluido tomó los flambeados por el cuello para empezar a hacerse presa de ellos, a la vez que dejaba a la música relegarse a un segundo plano. Llovía, empezaba a hacer frío, y estaban todos inexorablemente borrachos. Tenía que ser alrededor de las tres o cuatro de la mañana cuando uno de los amigos de juerga de siempre apareció acompañado por su nuevo compañero de piso. Llevaba una melena mojada y un traje, se presentó por el nombre de “Huevo”, y dijo ser cantante. Dos días después el grupo se hallaba a las afueras del polígono, sin otro lugar al que acudir para hacer audiciones y con una guitarra a cuestas para realizarlas. El único y último aspirante: “Huevo”. “Toca lo que quieras”. Fue el único requisito, y para sorpresa del resto no lo hizo mal. A las afueras del polígono La Estrella pudo oírse una primera versión de lo que más tarde sería el tema de “carita de ángel”, y por un momento todo pareció ponerse de cara. Quizás no habría que tirar de la chapa, quizás no habría que cerrar nada. Tan solo hacía falta una última pieza, y esa pieza fue Carlos, que llegado desde la última casa del palo, sería su bajo el que vendría a cerrar la formación. Un fruto de casualidades, todo por un fruto de casualidades, pero al fin y al cabo la formación volvía a estar al completo y a pie de poder hacer frente a todos los compromisos establecidos. Se decidió prescindir del apellido “21” para esta última formación, y pasar a ser simplemente Brokers, sin adornos. Era la última oportunidad, el último intento de lograr hacer algo grande, pero al fin y al cabo, y desde hacía ya un año, esa situación venía siendo la normal 

 

 

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